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Sólo sé que no se nada

“Sólo sé que no se nada”

Ayer tuve el placer de disfrutar de grandes actores y grandes voces en la programación del festival de teatro  de Barcelona” Grec 2015” en una obra” Sócrates juicio y muerte de un ciudadano” dirigida por Mario Gas y con un reparto excepcional : Josep María Pou y Amparo Pamplona, entre otros.

Sócrates  en su búsqueda de la verdad, su indagación mediante el diálogo, sobre la moral, la honestidad, la justicia, el conocimiento del hombre, lo convierten en un ser “peligroso” para cualquier tipo de hipocresía, ya sea individual, colectiva o incluso estatal o democrática a medias. 

Sócrates el gran orador que nunca escribió nada y al que se le atribuye la frase de “Sólo sé que no se nada” es condenado ,  por la joven democracia ateniense, a la ingesta del veneno, la cicuta, que le producirá la muerte y sin haber hecho nada malo, sólo buscar la verdad y la honestidad.

Y el director de la obra la dedica al pueblo griego y a su gobierno, esperando que el caso de Grecia sirva para que avance la Europa de los ciudadanos y retroceda la Europa del  gran capital.


Maribel Fernández Cabañas




Grecia

Grecia.

Este pueblo vecino bañado por nuestro Mediterráneo y que con valentía ha dicho lo que verdaderamente siente, valor ante los políticos opresores y capitalistas que llevan años robandole su calidad de vida.

 Este pueblo que ha sufrido el verse sin cubrir las necesidades mínimas para subsistir en esta Europa dominada por el capitalismo de las grandes empresas y de los bancos.

 Esta Europa que lleva años siendo de unos pocos y a costa de recortes de sueldos y recortes en salud y en educación…, sueldos de trabajadores, pensiones de los que han trabajado duros años y que ahora el Banco Central Europeo les impide disponer de ellas.

Me pongo en la piel de los vecinos griegos y sólo puedo mostrar admiración y sentir la piel de gallina cuando escucho las noticias de los reporteros que están allí.
 ¡Olé Grecia! que durante años ha sido saqueada por los mandatarios de esta “Unión Europea” e ahora empobrecida conserva su dignidad y   ha dicho¡¡ Basta!! Ya no queremos más recortes y sentemos nos  a negociar escuchando la voz de la democracia.


Maribel Fernández Cabañas


Sesión de gimnasia

Sesión de gimnasia.

Es por la tarde Lucía se acaba de levantar del sofá donde ha echado la siesta, está adormilada, entonces pone la radio en Kiss FM y suena una música con ritmo y empieza a mover todas sus articulaciones y músculos atontados del letargo. Sus piernas se van despertando, sus brazos hacen movimientos de coordinación, arriba, abajo…y le entran ganas de bailar.

Luego pasa a hacer ejercicios en el suelo estirada en el tatami, su marido está muy callado, la observa y no dice nada, ella tampoco pues no quiere romper ese momento de bienestar físico, hacia días que tenía un dolor en el hombro y no podía hacer movimientos bruscos y por fin en forma.

La música inunda toda la estancia y los ventiladores del techo giran y giran, refrescando el ambiente de bochorno que hay en la calle.

 Da gusto estar en el salón, en estas horas de calor. Hay momentos en los que se está muy bien sin necesidad de hacer nada especial.



Maribel Fernández Cabañas



Lucrecia y el ratón

Lucrecia.

 Lucrecia vive en un pueblo pequeño y sombrío, ella se levanta hecha el brasero y se sienta a leer  en la mesa camilla calentita, mientras desayuna tranquilamente sus tostadas con café.

 Lucrecia siempre está acompañada y su casa, aunque vieja, casi nunca está vacía. Esta vez la invitada era Lucía que se quedaba a dormir en un cuarto al fondo del todo de la casa  lleno de humedad y con manchas en las paredes enjalbegadas. Había una mancha que tenía forma de nube y con un agujerito sospechoso y una escueta ventana que daba al patio, por donde entraba la luz desde el amanecer y la despertaba. A Lucía esa habitación lúgubre le daba un poco de miedo e intentaba poner su transistor para escuchar un poco de música que la distrajera pero no había manera de coger ninguna frecuencia.

 Lucrecia a esas horas de la noche estaba a la luz de una bombilla que apenas si alumbraba viendo la tele, pero Lucía lo que quería era leer un poco y por suerte en la húmeda habitación había más luz que en la salita y cada noche se retiraba después de cenar y se quedaba dormida  leyendo y escuchando el ruido de la tele  que se traspasaba por la puerta de  la cocina a dicho cuarto.

 Pero una noche se quedó dormida intranquila mirando la mancha de humedad con forma de nube y  el agujerito  en la blanca pared, durmió con un ojo abierto y otro cerrado y  le pareció que el agujero ahora era un poco más grande ¡ Bah no tiene importancia mejor me  duermo!, se dijo a sí misma.

 A las cuatro de la madrugada un chirrido y ruido extraño la despertó, encendió la luz y vio como un animalito, entraba y salía por el agujero y empezó a gritar: ¡Socorro un ratón!. Lucrecia, profundamente dormida, en la otra punta de la enorme casa no la oyó. Entonces Lucía decidió que ella le daría fin a esta situación: fue a la cocina a por un trocito de queso que le puso al ratón en el agujerito mojado en lejía( lo más tóxico que encontró), así seguro que pasaría a mejor vida, pensó, y se fue a la salita a ver si dormía un poco mientras el animalito picaba el anzuelo. “Mejor que no alborote al personal” e intentó conciliar el sueño tumbada en el sofá y arropada con el calorcito de la falda de la mesa camilla.

Por la mañana cuando Lucrecia se levantó a renovar el brasero de picón  ─ ¡Lucia que haces aquí, que raro!

─ ¡Ay qué mala noche, hay un ratón en mi cuarto!. Le contestó Lucía con los ojos medio hinchados de no dormir.

Y Lucrecia le dijo tan tranquila:
¡Ah si!, ya me lo dijo mi hermana la de Zamora que es la que siempre duerme en ese cuarto cuando viene; pero los ratones no hacen nada.


Entonces Lucía le dijo:─ ¡Pues yo esta noche duermo contigo, amiga! ¡Y en cuanto abran las tiendas me voy a por un buen mataratas!.


Maribel Fernández Cabañas










De teléfono

De teléfono.
Los sábados por la mañana llamo a mi segunda casa que es la de mi amiga Susi. Ella con su sencillez y elocuencia me cuenta con gracia y desparpajo:
─Le estoy dando una segunda manita de barniz a la puerta de la entrada y se me ha acabado el bote, ahora me arreglo y voy en un momento a la droguería.

Otras veces está recogiendo los limones caídos del limonero del patio o se está poniendo guapa para salir con las amigas a una comilona que van a celebrar porque ha llegado fulanita de Barcelona y va a estar unos días en el pueblo.

Susi es alegre y me gusta escucharla, habla con esa voz delicada y con esa actitud resolutiva ante cualquier inconveniente que se le pueda presentar. Se explica muy bien por teléfono y parece que la tengo a mi ladito, cuando se va al extranjero de viaje, hecho de menos hablar con ella.

En definitiva Susi tiene la habilidad de entenderse muy bien con los demás, habla hasta con su sobrinito el parisino por video llamada, alguna vez la he visto y coge una marioneta de trapo y sin proponérselo lo hace reír, sólo con sus bonitas palabras y su abierta sonrisa.

Ella no se olvida de nadie, cuida por igual a todos los que tenemos la suerte de tener su casa como segunda casa.


Maribel Fernández Cabañas.


Función de teatro

Función de teatro.

Era la primera vez que iba sola a un teatro y es que para todo hay una primera vez.
 Llegué con tiempo de sobra para familiarizarme con los que serían mis compañeros entre el público: mujeres de mi edad con algunas patas de gallo y grandes sonrisas, besos y abrazos al juntarse todas en el hall, vestían como yo con pantalón largo y camisa de flores y el pelo también a melena nos parecíamos, eso ya me gustó.

Por otra parte estaban los más mayores, estos iban muy elegantes con sus trajes de chaqueta y daba gusto verlos. Todos también muy sonrientes con sus señoras de collares  y pendientes de perlas majorícas y con blusas de punto inglés; echaba de menos algo de juventud pero claro los jóvenes son más de ocio nocturno.

Al cabo de un rato abrieron las puertas y andando por un pasillo enmoquetado en burdeos encontré mi butaca bien cerca del escenario.
Allí permanecí embobada viendo a los actores con sus gestos, sus voces claras y altas… Disfruté tanto de esa comedia cuyo título era “Los vecinos de arriba” los cuales hacían mucho ruido al hacer el amor y los de abajo se quejaban… ¡Ay que ver como es el teatro! es como la vida, llena de diálogos cotidianos y de humor en las relaciones de pareja.

Antes de que finalizara la obra y después de haber oído reír al solitario, como yo, de la butaca contigua le dije: ─es divertida la obra ¿verdad? ─ Mucho reafirmó él.

Y a la salida me invitó a tomar algo en el “Café de la ópera” donde estuvimos comentando largo y tendido, la obra y me expresó que él una vez al mes iba al teatro: ─ ¡A ver si volvemos a coincidir!


Maribel Fernández Cabañas

En contacto con el campo.

En contacto con el campo

 Caldes  de Montbui me recuerda  a la tierra Extremeña donde nací: el cielo azul, el sol, la tranquilidad  de un pueblo de gente sencilla que cultiva la tierra, actividad ancestral algo relegada a unos pocos por motivos de que ya hace tiempo que se pasó del sector primario( agricultura y ganadería ) al sector terciario ( turismo y servicios) económicamente hablando.

Huertos con higueras y cañaverales a la orilla de los riachuelos cuya agua está canalizada en pequeñas albercas y acequias que al abrir sus diminutas compuertas dejaran salir al agua para regar los surcos de la tierra labrada.

Patatas y berenjenas en invierno, fresas, lechugas y coles en verano. Me contaba Juan, uno de los hortelanos que estos huertecitos son llevados por gente jubilada que tiene su retiro y con el cultivo de las hortalizas se  entretienen. La gente joven antes si cultivaba pero que ahora están la mayoría en la hostelería seguía explicándome y  daba gusto oírlo hablar, con su voz ruda de persona auténtica que lleva toda su vida con esa labor de sembrar, regar, abonar, recojo hasta tres cosechas al año me decía y ajeno a todos los males sociales de la política mal ejercida. Un reducto a salvo de influencias electorales gracias a la naturaleza.

 Yo con ganas de hacerme hortelana, al escuchar el ruido cantarín del agua correr por las acequias, o el revolotear de las golondrinas entre las fresas ya maduras; golondrinas que anidan no muy lejos de los huertos de este valle, anidan en lo alto de la iglesia, estos bonitos pájaros de los poemas de Gustavo Adolfo Bécquer.

Y el olor a higuera y el tacto áspero de sus hojas así como lo aromático y fresquito de sus frutos, sabores olores y texturas de mi infancia, aquí a mil kilómetros de distancia.

Maribel Fernández Cabañas