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Reflexionar

Reflexionar
Había una vez una mujer que a pesar de sus cincuenta años existían en ella esas confidencias de hablar íntimamente con una  madre adulta y sabía.
 Su madre murió y ella notó un gran vacío y una inmensa desolación que fue cubriendo como pudo, pero no le faltaba sólo la voz de su madre sino las risas de complicidad y  su filosofía de la vida.

 Buscó que la sustituyera su tía pero al cabo de los años se dio cuenta de que no era lo mismo; su tía miraba por su familia y ella, sobrina, no era del núcleo familiar.

 Entonces decepcionada se quedó con la sabiduría que le había dado su madre y con la que la vida, el amor, el desamor, la experiencia, las equivocaciones, el devenir del día a día le habían enseñado.

 Sin miedo a la soledad siguió el rumbo de la amistad , el trabajo y los familiares y ¡cómo no! sus vínculos de hermandad pero sobretodo aprendió a base de reflexionar antes de embarcarse en ninguna andadura.


Maribel Fernández Cabañas


ANA

ANA 

Mi madre me mandaba a casa de Ana a que le llevara las medias a arreglar, unas de color carne, otras negras, algunas con estampados de flores o las medias de malla. Yo iba contenta por esas calles empedradas y empinadas del pueblo, hasta que llegaba a casa de Ana y allí me sentaba un rato a observar como con sus hábiles manos y una aguja especial arreglaba las carreras y enganchones de las medias por cinco duros, en aquellos años sesenta.

Que divertido era ver la destreza, la simpatía, el desparpajo y la rapidez con las que esta mujer cosía las medias con una aguja especial y muy fina; las dejaba como para estrenar nuevitas. Al cabo de un par de días ya estaban listas para que mi madre las luciera el domingo para ir a misa o cuando salía a pasear con mi padre.

Pasaron 10 años y yo me fui a trabajar a Madrid e iba a este pueblecito del sur en vacaciones.Siempre guardaba mis medias no se las daba a ninguna costurera de la capital las guardaba para Ana que con su alegría me contaba anécdotas de mis padres y mis tios de niños.

Corría 1985 y fui a su casa pero ya todo se había girado, ella ya  no cosía  estaba en una mecedora de bambú sentada haciendo una colcha de  ganchillo con una aguja gorda de lana. Noté que había perdido parte de su gracia y la sonrisa. No me nombró sólo le preguntó a su hija: ─ ¿Esta es la hija de Alfonsa la madrileña? No seguía ninguna conversación repetía cincuenta veces las mismas historias de cuando ella era una niña y se montaba en la mula de su padre. Le doy dos besos y me despido de ella que esta como ausente.

Su hija me acompaña a la puerta y me explica aparte, resignada que su demencia senil va deteriorándola progresivamente. La abrazo, lloro y suspiro con ella, despidiéndome hasta sabe Dios cuando porque la empresa me ha trasladado a Paris.


Maribel Fernández Cabañas





Amanda

Amanda.

 Amanda estaba enferma  pasaba los días en cama débil sin ni siquiera poder pasar las hojas de un libro y sin nadie en Madrid. Sólo sus cariñosos vecinos la visitaban y le traían la comida aunque no tenía apetito.

Amanda que se pasaba el día en bicicleta yendo a su oficina y viniendo al piso…

Ahora el dolor en el pecho, la tos,  no se le iba.

 Amanda que en sus tiempos buenos había llevado al parque a los traviesos hijos de Teresa y en su piso de  soltera le había guardado a su marido un sinfín de esculturas que el por falta de espacio no podían guardar en su piso. Ahora esta la acompañaba  al hospital.
 Amanda, que estaba alicaída y mustia,  y después de pruebas le detectaron una tuberculosis con lo cual se tuvo que quedar ingresada.

 Por la ventana de la habitación apenas si vislumbraba el cielo. Ella que era de pedalear y de andar y ver, ahora  en  cama.

 Los días pasaban muy lentamente y sin color  sabanas blancas,  enfermeras médicos de bata blanca, el desagradable olor a alcohol y todo tan aséptico y cerrado. Añoraba el olor a lavanda que recién amanecido cortaba cada mañana del jardín de su calle,  los senderos del parque  a donde iba con los niños de teresa y corretear  y jugar entre las ramas de los ficus y magnolios gigantes al escondite. El aire, la libertad.

 Un día  llegó su hermana  en avión y le traía caracolas marinas, conchas de playa y fotos de cuando se resbalaban por las dunas de arena  de Tarifa, también le leía poemas de Alberti y le cantaba canciones de amor. 

Al cabo de dos meses pudo salir de la blanca habitación a contemplar los azules, verdes, amarillos y verdes colores de la vida.

Su hermana y ella, con una enfermera, permanecieron una larga temporada en la casa antigua de la familia  a la orilla del mar Atlántico en la provincia de Cádiz.

Una vez curada allí se quedó para siempre, con su nuevo trabajo de florista.

El mar era lo suyo, las cartas iban y venían del Atlántico a la capital de interior, cartas con olor a lavanda para Teresa.


Maribel Fernández Cabañas


Calma

Calma

Después de una semanita en las que las nubes habían inundado todo mi ser…

Hoy por fin en mí renace la vida:

-Un sábado soleado, de sol de verano y cielo de otoño.

-La calma de un día festivo sin prisas, sin recados urgentes, sin horarios…

Para tomárselo todo sorbito a sorbito, saboreándolo.




Maribel Fernández Cabañas



Engracia

Engracia

Suena el timbre de la puerta son las 12 del mediodía es sábado, Engracia, viuda de sesenta y tantos años, sale por el pasillo estrecho y abaldosinado de su piso  de Barcelona, cantando una canción de Nino Bravo “….dejaré tus campos por ti, dejare mis cosas y  me iré lejos de aquí… de día viviré pensando en tus caricias de noche las estrellas me acompañaran …“

¡Qué guapo hijo, que guapísimo estás!¡ anda pasa que hace mucho frío! ¡Mi niño que guapísimo está!. Ven que te voy a dar un “cola caíto” le dice al pequeño Quim de 2 años; que viene con su padre Joaquín, sobrino de Engracia y divorciado.

Han llegado en tren desde Tarragona, como cada quince días y Engracia,que ha estado siempre pegada a su marido y a la que Dios no le dió hijos, se vuelca en amores con la juventud y la infancia.

Joaquín se va directamente a la cocina a ver qué les ha preparado la tita porque huele muy bien ¡Um que rico un estofado de ternera!Luego se sienta con su iPhone ,se pone a chatear,  a mirar su twiter y su Facebook entonces la tita Engracia coge un cajón grande donde le tiene un sinfín de juguetes preparados para Quim  y se pone a jugar con él a los cochecitos de carreras . Disfruta como una enana.

Pasa el invierno y vienen la vacaciones de verano y es cuando Joaquín y Quim conviven todo el verano con tita Engracia, la cual llega a instalar internet y a comprarse un ordenador, animada por su cariñoso y zalamero sobrino. Este le abre una cuenta en el Facebook y contacta con los de su pueblo de Andalucía con el grupo” No eres de Bollullos si no…” y ella que se acuerda de todas las familias de su pueblo se hace miembro activa del grupo y ya ni estofado, ni gazpacho, ni jugar con el pequeño…
 ¡Ordenador a todas horas! y así trascurrió el verano encerrada en casa chateando con los de su pueblo.

 Llegó el invierno pronto, y un sábado a las 12 llaman al timbre y son ellos como de costumbre.  Engracia les abre dándole un beso de compromiso y con la bata puesta se va al ordenador:─¡ Que me he hecho amiga de “Andaluces por el mundo”!
 Joaquín no dijo nada, se fue directo a la cocina y no había comida ni siquiera estaba comprado el pan  Cogió el cajón de los juguetes y se lo dio a su hijo que jugaba solo porque la tita Engracia estaba por otros menesteres.

Pasó un año y Joaquín le dijo ¿ tita  nos vamos a Bollullos este verano? y ella encantada Allí se pasó los tres meses en la casa vieja del pueblo encontrándose con todas su amigas del Facebook y yéndose a la Peña Bética a jugar a las cartas o al Club de lectura de la Biblioteca Municipal o a la Asociación de mujeres donde hizo teatro y pintura, bien  distraída

Pasó el verano y Joaquín le dijo:─ ¡Tita que nos vamos para tu piso! ─¡ No hijo mío que yo me quedo aquí!, con mis 500 amigos a los  que los veo todos los días y me divierto mucho con ellos.


 Maribel Fernández Cabañas







Poder hacer un alto.

Poder hacer un alto.

Era un viaje planeado: paseo por las estrechas y solitarias calles de un pueblo costero lleno de arquitectura, tiendecitas, museos, palacios y un mirador en lo alto del pueblo, desde donde se podría contemplar el mar en calma y los barquitos de pescadores.

Pero al llegar, una multitud de gente se agolpaba en las calles: niños vestidos con su pañuelo al cuello y sus chirucas al estilo de los Bois Escouts, ¿Será una excursión que se dirige al Palacio de Mar y Cielo que hay en el mirador?

. Siguieron andando bajo un sol picante de tormenta de final de verano, Lucía contemplaba las pastelerías que era lo único que había abierto y se preguntaba ¿Pero si es 23 de septiembre y martes? ¿Qué raro que estén las tiendas cerradas con lo que le gustan a mi compañera?

Pasaron por una calle más ancha y llena de terracitas de cafeterías, donde la gente desayunaba sus ensaimadas y y café con leche y todos estaban como sin prisa y no eran turistas.

Cogieron una bocacalle y se dirigieron al palacio con el  mirador y la iglesia y gente joven que iba vestida  de blanco y con alpargatas y tobilleras con cascabeles.¡Ah! exclamó Lucia a su acompañante. Esto va a ser que van a bailar el baile típico catalán de los cascabeles: los siguieron y se vieron entre abuelas que salían de misa,” La colla del Águila” con pantalones de esparto para ir debajo de unas bestias de cartón duro que simulaban dragones, cerdos águilas y que llevaban en su boca grandes petardos para ir acompañando con fuego y tambores a los danzarines…

 En un momento el mirador se llenó  de humo, sonido acompasado de tambores y color de fuego.
Fue entonces cuando Lucia metida entre tanto bullicio le dijo a su acompañante: Me voy a la playa y bajó las escaleras empinadas y llegó a la estatua de Santiago Rusiñol donde encontró su libertad en un Poema a la Amistad del escritor Casas y es que no hay nada como compaginar momentos de alboroto con buena compañía y el poder hacer un alto para meterse en el espíritu de la poesía que colma el alma.

 Y ya de paso, leer  un cartel, en uno de los bares, que decía: Del 19 al 23 de septiembre “Fiesta mayor de Sitges”.


Maribel Fernández Cabañas

Traducción del poema a la amistad de Casas:
“Pues bien amigos míos (…)
Vi una tierra donde hacía más sol que en otros sitios,
Donde el cielo era más azul, el mar más azulada también,
(…)Venía a buscar paisajes y me aportaba apegos.
Venía a ver el mar y un mar he encontrado de gente honrada,
Alegres de labios y serios en su interior.
Venía como las mariposas a la luz y he caído en el fuego de la amistad”

Domingo 14 de septiembre.

Domingo 14 de septiembre

Qué maravilla a estas trempranas horas del día con mi perra a solas, todos están durmiendo: Los vecinos de la manzana, los coches, mi familia. Se acaban de apagar las farolas, me acompañan el fresquito de la mañana, el verde de la hierba mojada, los primeros rayos del sol, las primeras nubes.

 La luna que aún no se ha ido, el silencio que durará poco en este pequeño recodo de la gran metrópoli y que hay que disfrutar con todos los sentidos.


Maribel Fernández Cabañas