Desde la distancia veo a las amigas de la escuela de primaria, la
escuela estaba dividida por dos entradas la de las niñas y la de los niños.
Una de mis compañeras llevaba unas gomas de borrar y unos sacapuntas muy
bonitos. Y cuando no me veía la maestra, hacía mantelitos de papel con poemas y
se los regalaba a ella a cambio de una goma o un sacapuntas.
Cuando el maestro nos decía al patio ahí nos juntábamos niños y niñas.
Jugábamos a tirarnos piedras y nos
subíamos en los montones de tierra que estaban alli para hacer obras.
Nos peleábamos a mi hermana le decían Petróleo y yo la defendía a
empujones y los niños me tiraban de las trenzas.
“A clase que se ha acabado el recreo” nos avisaban los maestros.
A
la escuela llegaba leche en polvo, que nos regalaba el Estado y mi hermana y yo
la abríamos y nos la comíamos sin diluir en agua y sabía a calostro de vaca.