No se me puede olvidar aquella buhardilla donde uno de mis primos me
prestó una cama para que me quedara alli a dormir mientras yo encontraba una
habitación en un piso compartido.
En la buhardilla había un horno y un torno de alfarero de un amigo suyo
y se suponía que mi primo dormiría en casa de sus padres, y por el contrario me
despertaba por las noches borracho y arrastrándose por el suelo. Además había angelitos de cara gorda
de escayola para pintarlos y venderlos y yo tenía miedo.
La cosa afortunadamente duró poco porque enseguida encontré un piso.
Maribel FC.