Desde la distancia veo a las amigas de la escuela de primaria, la
escuela estaba dividida por dos entradas, las de las niñas y la de los niños.
Mónica llevaba unas gomas de borrar y unos sacapuntas muy bonitos.
Y cuando no me veía la maestra, hacía mantelitos de papel con poemas y
se los regalaba a ella, a cambio de una goma o un sacapuntas.
Cuando el maestro decía al patio ahí nos juntábamos niños y niñas.
Las niñas jugábamos a saltar la
comba, los niños a las canicas a ver quién las tiraba más lejos.
Además de estos juegos nos subíamos en el montón de tierra que estaba allí
para hacer obras y que los maestros tenían que vigilar porque el patio estaba
abierto a la calle y alguno de los niños y niñas se escapaba y se iba solo a su
casa.
¡A clase que se ha acabado el recreo!
nos avisaban los maestros
Llegábamos a nuestras casas y nos bañábamos en un baño de zinc y
teníamos lombrices nos las quitaban con lavativas y por la noche si nos quejamos
del picor en el ano, con papel de periódico.
A la escuela llegó un niño nuevo con pantalón corto, camisa, corbata y
chaqueta.
Mónica, Isabel (que era más callada) y yo nos hicimos amigas de él y
como en su casa tenían televisor nos íbamos a ver “Antena infantil”.
A la escuela llegaban leche en polvo y cepillos de dientes que los
repartía el Estado y nuestros padres iban a recogerlos.