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RECUERDOS DE CÁCERES

 

       En el internado de la laboral de Cáceres los fines de semana estudiaba paseando por los jardines con mis compañeras, también teníamos mesas de pimpón hacíamos trabajos en grupo en la biblioteca vieja que era en la que se podía hablar.

       Por las tardes salíamos nos íbamos a la plaza mayor y nos tomábamos un refresco en la cafetería “El pato” y también íbamos al paseo de Cánovas y nos tomábamos un pastel de plátano y nos comprábamos los vaqueros y útiles de higiene.

       Teníamos una beca muy importante, la mejor beca en aquella época del Caudillo que nos cubría hasta acabar los estudios universitarios.

       El primer año de La Laboral lloraba mucho porque echaba de menos a mi familia y además me iba con las niñas más mayores que yo porque una de esas niñas era conocida de mi pueblo.

       Compartía habitación con tres niñas que me hacían bromas pesadas, pero como una de mis tías del pueblo me había dicho que me harían novatadas y que no me lo tomara a mal yo no me quejaba. Una vez cuando me iba a dormir me encontré todas las sábanas llenas de detergente en polvo y también me decían que mi ropa no era de marca y que las de ellas sí, yo les decía la mía es buena porque se seca antes.

       Por las noches a mi habitación llegaba Juliana una chica de la habitación de al lado y quería que yo me cambiara de habitación con ella le dije que no que yo me quedaba en la que me había tocado.

       El segundo año tuve más suerte me tocó una habitación con niñas estupendas Inma, Asún y María, esta última era algo solitaria y no se unía a las salidas con nosotras.

       Y el último año en COU estuve muy bien con las compañeras y no había que estudiar tanto porque las optativas que cogí me gustaban mucho nos quedábamos en la residencia vieja que entre los pisos estaba el hueco y la barra para los bomberos y en vez de bajar por las escaleras nos resbalábamos por ella.

LAS TRES POCILGAS


       Alicia recuerda las tres pocilgas o zahurdas que había en casa de sus abuelos, eran las casas de los cerdos.

       Los niños sólo podían entrar en una que era de un cerdito que no les mordía y echarles de comer restos de sandía y melón y con la condición de cerrarle bien la puerta para que no se escapara por el corral.

       En las otras dos pocilgas había que mirarlos de lejos, una porque la mamá cerda había parido y estaba amamantando a sus crías.

       Y en la tercera porque mordían los dos cerdos que eran los que ya habían engordado e irían para la matanza. Los adultos   cogían en brazos a los niños y desde lejos les daban una mazorca de maíz del de la cosecha porque la familia de Alicia eran agricultores.

       El día de la matanza era todo un ritual: Entre cuatro hombres agarraban al cerdo, que no dejaba de chillar, lo levantaban lo ponían en una banqueta le clavaban un cuchillo y las mujeres recogían la sangre en un baño de loza.

       Las mujeres no dejaban de removerla con sus manos para que la sangre no cuajara. Cuando ya estaba muerto le cortaban un trozo de carne y el veterinario la analizaba a ver si tenía triquina una enfermedad típica de estos animales

       Luego con las ramas de un arbusto encendidas le quemaban los pelos y aprovechaban todo de él, la sangre, el tocino, todo.

        Por ejemplo con las patas se hacía jamón. En un cajón grande lleno de sal gorda se ponían las patas y hasta que se secara la carne se le iba pinchando a ver si estaba ya seco para comerlo y colgarlo en la cocina.

                                                          Maribel FC

 

 

PRIMARIA

 

       Desde la distancia veo a las amigas de la escuela de primaria, la escuela estaba dividida por dos entradas, las de las niñas y la de los niños.

       Mónica llevaba unas gomas de borrar y unos sacapuntas muy bonitos.

       Y cuando no me veía la maestra, hacía mantelitos de papel con poemas y se los regalaba a ella, a cambio de una goma o un sacapuntas.

      Cuando el maestro decía al patio ahí nos juntábamos niños y niñas.

Las niñas jugábamos a saltar la comba, los niños a las canicas a ver quién las tiraba más lejos.

       Además de estos juegos nos subíamos en el montón de tierra que estaba allí para hacer obras y que los maestros tenían que vigilar porque el patio estaba abierto a la calle y alguno de los niños y niñas se escapaba y se iba solo a su casa.

¡A clase que se ha acabado el recreo! nos avisaban los maestros

       Llegábamos a nuestras casas y nos bañábamos en un baño de zinc y teníamos lombrices nos las quitaban con lavativas y por la noche si nos quejamos del picor con papel de periódico.

       A la escuela llegó un niño nuevo con pantalón corto, camisa, corbata y chaqueta.

       Mónica, Isabel (que era más callada) y yo nos hicimos amigas de él y como en su casa tenían televisor nos íbamos a ver “Antena infantil”.      

       A la escuela llegaban leche en polvo y cepillos de dientes que los repartía el Estado y nuestros padres iban a recogerlos.

                                                         Maribel FC

VESTIDOS


       Érase una vez una niña que vivía en un pueblo de agricultores del sur de España donde todos se conocían.

       No había coches, ni semáforos sólo carros tirados por mulas para ir al campo, tampoco había agua corriente.

       Había varias costureras y su madre compraba la tela y después iban a la modista y les hacia el mismo traje a ella y su hermana.

       Los abrigos y zapatos se los compraban en un pueblo muy cerca del suyo y más comercial al que se desplazaban en autobús.

       Un año ella y su hermana eligieron unas sandalias de color naranja con un minúsculo tacón y estaban muy contentas porque así parecían mayores.

       Y en el pueblo todas las niñas lucían la ropa y los zapatos nuevos los domingos y fiestas de guardar.

                                                Maribel FC

 

 

 

 

FIESTAS DE AGOSTO

 

       Alicia recuerda la fiesta de la virgen de la Asunción, patrona de su pueblo natal.

       Su familia lo celebraba con una sopa de gallina con patatas fritas cortadas a cuadros y de segundo pollo en pepitoria, que era pollo en salsa con ajo que se machaba con sal gorda y luego al mortero se le echa una rebanada de pan frito con un chorrito de vino blanco y de postre un corte de helado.

       Un año mientras celebraban la comida tuvieron que ir al practicante porque Alicia desde pequeña tenía hemorragias nasales y su madre le ponía un algodón con agua oxigenada pero esta vez ese remedio no dio resultado y el practicante le puso una inyección.

       También recuerda los fuegos artificiales la víspera del día de san Agustín, había concursos en la plaza que organizaba la comisión de fiestas del ayuntamiento y ella, su hermana y su prima de niñas ganaron un premio por la canción del verano “Eva María se fue buscando el sol de la playa”.

       Y con el dinero que les dieron se compraron helados y fichas para los coches de choque.

                                                           Maribel FC.

DE ESCRIBIR


       A los catorce años mantenía correspondencia con los amigos del pueblo, mis padres y mi abuela.

       A los dieciséis le escribí un poema a una abubilla de hermoso plumaje y mal olor la encontré muerta mientras buscaba espárragos cerca del canal de regadío y la enterré.

       A los dieciocho les escribía poemas a dos amigas de la Laboral de Cáceres y aún seguimos escribiéndonos.

       Ahora escribo libros, participo en concursos literarios y pronto verá la luz mi quinto libro.

         Así que es evidente que  desde mi niñez ya tenía dotes de escritora.

                                                   Maribel FC

NOCHE MÁGICA DE SAN JUAN

 

       Esta noche nos reunimos los amigos para celebrarla y tomar tostadas de pan con tomate y luego bajamos al jardín con una mesa de camping, la coca de chicharrones y el champán.

       Brindaremos y veremos los cohetes que se elevarán al cielo y escucharemos a los niños de los vecinos tirar petardos.

        Un vecino pondrá música en su terraza y bailaremos hasta que ya exhaustos nos venza el sueño.

       También brindaremos para que el fuego de san Juan queme todas las penas y aumente la esperanza por un mundo mejor y menos injusto.