Con una de las amigas de cuando teníamos catorce años siempre estábamos
cantando, bailando e inventándonos canciones para los profesores.
Cuando acabamos la selectividad nos fuimos a estudiar a la universidad
de Extremadura, la tierra donde nací, ella a estudiar medicina y yo químicas.
Una de las canciones era más o menos así:
“Calin, cacalin, cacaló, cacalín…“
Sus
padres que eran de un pueblo lejano al mío se pasaron por mi pueblo para verla
a la residencia universitaria donde nos quedábamos en Badajoz.
Una
de las veces les regaló a mis padres una pareja de conejos blancos gigantes y
los pusieron en una jaula para que criaran.
Nuestras respectivas familias se hicieron amigas y lo que más nos
gustaba eran las pipas de girasol de su pueblo.
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