En el Restaurante
Mi amigo Jorge me invita al
restaurante “Paris” donde hay que entrar con los ojos cerrados.
Entramos en el Restaurante Paris
con los ojos vendados, el camarero nos va dirigiendo diciéndonos:
─ Todo recto, ahora a la derecha,
ahora párense.
─ Esta es su mesa Señora Ana (Me
dice, poniéndome la mano en el hombro)
─ Le voy a dar su silla, siéntese que ya está en su mesa.
Y lo mismo le dice a Jorge. Oigo las risas
bajitas de Jorge y sus comentarios:
─ ¡Caray no veo nada! (dice
Jorge) ¡Y qué duro es el asiento de esta silla! ¡Qué bien huele a carne en
salsa con muchas especias! ¡Aquí vamos a comer bien!
Pongo las manos encima de la mesa
buscando los cubiertos. La mesa está muy fría, es mármol.
Por la forma que tiene,a mi tacto, encuentro la cuchara y sigo tocando
para encontrar más cubiertos
¡Ay que me he cortado! (grito).
Noto el calor de la sangre salir por mi dedo
índice y grito fuerte, levantando la mano:
─¡¡ Camarero!!
Enseguida viene y me lleva de su mano a una
sala que huele a ambientador. Oigo el ruido de un grifo
y como cae un chorro de
agua fría en mi herida y me la seca con algo que al tacto parece papel de
cocina. Huele a alcohol y me empieza a escocer la herida ¡Ay! El camarero me
pone una tirita y de la
mano me vuelve a llevar por lo que parece un pasillo
amplio y me dice: Párese aquí y ahora
gire a la
izquierda y ande recto
.
─Párese y siéntese en su silla.
Me late el corazón, noto como mis axilas sudan
y me tiemblan las manos. Le digo a Jorge que
no
me está gustando nada eso de no poder ver y que quiero quitarme la
venda de los ojos.
Jorge, que sigue sentado, me da la mano y me
acaricia la cara:
─Tranquila Ana, que ahora nos traen la comida y lo que vamos
a hacer es no tomar los postres.
Así saldremos antes de esta oscuridad.
Maribel Fernández Cabañas
Eres una caja inagotable de sorpresas!!!
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