A los catorce años mantenía correspondencia con los amigos del pueblo,
mis padres y mi abuela.
A los dieciséis le escribí un poema a una abubilla de hermoso plumaje y
mal olor la encontré muerta mientras buscaba espárragos cerca del canal de
regadío y la enterré.
A los dieciocho les escribía poemas a dos amigas de la Laboral de
Cáceres y aún seguimos escribiéndonos.
Ahora escribo libros, participo en concursos literarios y pronto verá la luz mi quinto libro.
Así que es evidente que desde mi niñez ya tenía dotes de escritora.
Si es que en esencia, siempre somos las mismas, desde niñas. Un abrazo enorme, amiga querida.
ResponderEliminarMe alegra tu comentario querida María Jesús. Un montón de besos amiga.
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