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LA BLUSA

 

       La habitación de mi tía nos estaba vetada a los niños, en ella dormía mi tía la soltera y tenia muebles robustos del siglo XIX.

       Un día entré vi joyas y el ropero lleno de trajes y ropa elegante, me aventuré a pedirle una blusa negra con lunares blancos y me dijo que cuando cumpliera quince años me la regalaría.

       Me fui al internado y allí cumplí los quince años y me llevé una gran alegría cuando se presentaron mis padres y mi tía en el coche del cura del pueblo.

       Y sí mi tía cumplió con su palabra y me regaló la blusa.

Pasaron los años empecé a trabajar y a ella le compré una blusa blanca con lunares negros.

                      Maribel Fernández Cabañas

 

 

 

RECUERDO INACABADO

 

       Recuerdo el pajar de mi abuela materna allí dormían y comían las mulas.

Las gallinas correteaban por el corral junto a los patos y alguna oca.

      Eran ocho de familia los hombres se dedicaban a cultivar la tierra con ayuda del mozo.

       Las mujeres a cocinar, coser y bordar, también les llegaba una revista de moda, elegían modelo y la costurera les hacía los trajes.

       Con el carro y las mulas acompañadas del mozo iban a Villagonzalo a pasar unos días de fiesta con una prima y se montaban a caballo con el traje de flamenca.

       A mí lo que más me gustaba era hacer teatro en la bodega con mis primos y hermanos, nos disfrazábamos e invitábamos a los vecinos y les cobrábamos algunos céntimos por entrar.

 

 

RATONES DE CHOCOLATE

 

       Alicia recuerda las dos butacas que tenía su abuela en el pasillo de la casa que daba al patio.

       Ella y sus primos estaban deseando coger una libre y si alguna de sus dos tías las había ocupado se sentaban en el umbral de piedra que estaba fresco, eso los días de verano.

       En invierno la vida se hacía en el comedor jugando al cinquillo y a la brisca.

       En el patio había un pozo, un limonero y una parra.

       Lo que más le gustaba a Alicia era cuando su tía Rita les hacía para merendar < ratones de chocolate>.

       Íbamos a coger almendras a una finca llamada los almendros y una vez en la cocina nuestra tía preparaba chocolate fundido y decoraba las almendras poniéndoles rabo y orejas con el chocolate.

                  MaribelF.C.

 

 

SUDAMÉRICA

 

 Zulema voló de Sudamérica hace muchos años huyendo de las paupérrimas condiciones de vida y de la violencia de la guerrilla

En España encontró un lugar donde la atendieron calurosamente y enseguida se puso a trabajar cuidando ancianos.

Ahora está jubilada y con su pensión ayuda a sus nietos e hija y tiene una vivienda propia.

Como ella hay muchas mujeres extranjeras ocupando puestos de trabajo precarios que los de aquí no quieren porque están mal pagados.

Y es que tener una vivienda en España supone hipotecarse sin ayudas sociales en la mayoría de los casos.

 

                Maribel Fernández Cabañas

 

ITALIA Y LISBOA


 

Alicia recuerda cuando tuvo que vender doscientas papeletas de lotería para recaudar dinero para el viaje de fin de carrera a Italia.

Estuvieron en la plaza san Marcos de Venecia iba con dos amigas, Laura e Isabel, llevaban una maleta llena de conservas y productos no perecederos como galletas y cenaban en el hotel ya que los precios de los restaurantes no estaban a su alcance.

Lo que más le gustó fue Florencia recuerda la rebeca de lana con dibujos y el bolso de piel que le compró a su madre en el mercado de la paja.

El trayecto de Badajoz, que era la ciudad donde había estudiado, a Italia lo hicieron en autocar haciendo noche en un barrio muy cutre de Barcelona, y al amanecer siguieron camino a Roma donde también se alojaron en un barrio muy malo y todo eso porque eran los más baratos.

En el autocar íbamos comiendo bocadillos y galletas y uno de los profesores con el micrófono en mano nos iba explicando el nombre de los mares, ríos y pueblos por donde íbamos pasando.

 En Roma era difícil cruzar un semáforo porque los coches iban a toda velocidad por el centro de la ciudad.

Alicia y sus amigas se compraron un diccionario bilingüe así podían hablar con los italianos.

El mejor hotel fue el de Montecatini donde conocieron a unos chicos y saborearon un rico café a precio de oro.

Al volver a Badajoz resultó que el premio de la lotería había tocado en una de las papeletas no vendidas y con ello había para otro viaje a, Lisboa.

Alicia recuerda que en la playa estaba el día nublado y ella se tumbó en la toalla y se quedó dormida y cuando se despertó le picaba mucho la piel sobre todo detrás de las rodillas y ella y sus amigas se fueron al hotel y con crema Nivea, cataplasmas de vinagre y sin poder andar ese día una amiga se quedó con ella en la habitación y las demás a divertirse por la bella Lisboa.


                                      Maribel Fernández Cabañas

 

 

 

TALLER DE VERANO



Alicia recuerda  cuando ella montó un taller de escritura en su terraza con su hijo y dos niñas vecinas, era verano y ya habían terminado el campamento infantil.

Todos ilusionados con la libreta… el primer día les dijo que era escritura libre lo que ellos quisieran escribir y una niña escribió sobre el pueblo de sus padres otra escribió sobre los monstruos y fantasmas, otro sobre su mascota , un mastín.

Luego Alicia les dio la grabadora para que leyeran en voz alta lo que habían escrito y a ellos lo que mas les agradaba era leer en voz alta después de la lectura Alicia se quedaba con los textos se los corregía y hasta el próximo lunes.

Los viernes la actividad era gimnasia, primero calentamiento y natación por la playa y luego estiramientos en el parque , fue un verano inolvidable.

A medida que fueron creciendo una de ellas abrió un Blogger, su hijo empezó música y la otra niña que era más realista se apuntó en una academia de inglés.


                                           Maribel Fernández Cabañas

LA FLAUTA DULCE


       Me acuerdo de Luís el de Mérida compañero de Magisterio de cuando vivía en una habitación con derecho a cocina en casa de Dª Carmen.

       Lo que más me gustaba era la ducha e irme a la azotea a secarme el pelo al aire.

       Luís quedaba conmigo para practicar el examen práctico de la flauta dulce.

       La profesora de música nos había adelantado las canciones infantiles de las que nos iba a examinar y Luís y yo pasábamos las horas interpretándolas.

Tantas veces las repetimos que yo me las aprendí de memoria y aprobé.

       Recuerdo lejanamente a la profesora, era mayor y me hizo entonar todas las notas musicales y me felicitaba por la entonación.

Luis se fue a trabajar a Madrid y no he vuelto a saber de él.


                                               Maribel Fernández Cabañas