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En bus

“En bus”
Luisa se ha recuperado, después de un mes convaleciente.

Ya puede ir sola a todos sitios sin la cantinela de  Alfonso, que se queja del mundo.

Ella disfruta de lo que va viendo por el camino hacia la otra punta de su ciudad. Se desplaza desde la tranquila playa, atraviesa todo el centro de la ciudad hasta el barrio de Gracia, donde da clases (sin tener al lado la tensión de Alfonso, gruñendo al volante por el intenso tráfico).

Ahora los dos se encuentran en comidas de amigos a degustar ricos platos y a disfrutar de distendidas conversaciones.

 Alfonso, en su estudio,  se pone a tocar el piano y a estudiar partituras. Las repasa una y otra vez, para luego por las tardes darles las clases a sus alumnos, en la escuela de Música del barrio.

 Luisa,  está llena de inspiración y de alegría. Le inspira la vida, le inspira que el humor de Alfonso vuelva a brotar.

 Pero sobretodo el poder desplazarse hasta su trabajo en bus, nada de coche.


Maribel Fernández Cabañas





La placita

La placita

Edelmiro es un hombre que refunfuña mucho en casa, sin motivo ninguno. Es su carácter.

 Está prejubilado y es ciego al amor de Elvira, su mujer también prejubilada y ama de casa. 

Elvira por el contrario es alegre y canta mientras hace las tareas de la casa. Ella disfruta de su  tiempo libre  yéndose a corretear con su bloc de dibujo y su sillita plegable las distintas placitas que hay en su ciudad.

Elvira por el camino se va fijando en lo bello: Una pareja que sonríe abiertamente y alegres van de la mano y se impregna de la felicidad que respira en ese hombre y esa mujer.

 Llega a una placita y se sienta a pintar, plasma en su bloc a niños jugando un domingo por la tarde, junto a abuelitos con  chaqueta de lana, bastón y sombrero. Los árboles de hoja perenne rodeando la plazuela, y una abuela asomada al balcón de su piso.

Elvira de vuelta a su barrio se encuentra a su marido en el bar de la esquina tomando un vinito y viendo el fútbol con otros excompañeros del  cerrado taller de automoción.

Ella los saluda con la mano y sube a su casa, y contempla su dibujo a carboncillo y se siente feliz. 



Maribel Fernández Cabañas




El sol

El sol

Mi casa tiene dos puertas, una da al jardín, frío, húmedo y sombrío. La otra da a la playa, caliente, seca y con sol.

Durante las primeras horas de la mañana, estoy ocupada limpiando y cocinando. Los baños y la cocina tienen ventanas al frío jardín.

En cuanto he terminado las engorrosas faenas de la casa y he dejado la comida hecha, salgo corriendo, por la puerta delantera, y me voy a tomar el sol a la playa.

 Si es verano me baño y si es invierno me tumbo en una hamaca con el chándal  puesto.

 El sol me alegra el alma.


Maribel Fernández Cabañas







Eustaquio

 “ Eustaquio” 

 Eustaquio se jubiló muy joven. Trabajaba en la construcción, de oficio albañil.

Cuando trabajaba  se llevaba  para almorzar: tocino de beta, morcilla, tortilla de patatas, y un pan de pueblo, en una fiambrera

  Pasaba las tardes tumbado  en el sofá viendo la tele, mientras su mujer le llevaba las babuchas, el tintorro y los callos a la madrileña para cenar.

Pero cuando se quedó viudo y con poco dinero, lo que comía eran cuatro latas de conserva y los pulpos, cangrejos y mejillones que pescaba.

Se aficionó tanto a la pesca que le sobraba pescado y lo repartía, le llevaba a su hermana, también viuda, a su hermano, soltero y a su primo,y a veces repartía entre los vecinos de su bloque.

Eustaquio pescaba en el mar, se bañaba en el mar, se aseaba en el mar, y por las noches soñaba en voz alta:

 ¡Qué voy a llegar tarde, ya lo habrán pescado todo!




Maribel Fernández Cabañas




Cloe en casa de Lucía


Cloe en casa de Lucía

Cloe es de New York y ha venido de intercambio lingüístico a España.
 A pesar de que ni Lucía ni su marido saben inglés y de que la chica no sabe español, no faltan momentos de conversación, sobre todo a la hora de cenar.

 Jorge, el hijo de Lucía, hace traducción simultánea mientras charlan.
 Cloe espera a que bendigan la mesa. “Salud y que aproveche” dice Lucía, y le explica a Cloe que ya puede empezar a comer.

El marido de Lucía se ha brindado a llevar a la neoyorquina y a su hijo en coche al Parque Güell o al Museo Nacional de Arte.

Lucía ha preferido quedarse un rato sola en casa, no sin trabajo.  Cloe es vegetariana y alérgica a la lactosa. Pensar los menús es complicado.

 Nina, la mascota, hace lo que nunca: los dos jóvenes, se la llevaron el otro día a la playa. Y a pesar de que al principio le tenía respeto al agua, después ha jugado con otros perros tan grandes como ella y se ha revolcado en la arena, de la nueva playa para perros.

Lucía, ya conocía la voz tenor de su hijo. Ahora esta voz no ha sonado sola, sino a coro con la voz de soprano de Cloe que alegres cantan en el saloncito después de cenar.


Maribel Fernández Cabañas


La contadora de películas

La contadora de películas

Merece la pena ir al Teatre Grec. Ayer disfruté de La contadora de películas, de una compañía chilena que está haciendo gira por muchos países y basada en la novela de Hernán Rivera Letelier (Chile)

Cinco actores: El padre, la madre, una hija y dos hijos.

El padre era picapedrero en la época de construcción de las vías ferroviarias. Le explota la dinamita y se queda inválido de cintura para abajo impedido en silla de ruedas y con una pensión ínfima.

La madre alegre y con vocación de actriz los abandona. 

Viven en una colonia de trabajadores en una zona árida de Chile. Los tres niños empiezan a ir al cine y luego a contar las películas que ven a su padre y a los vecinos, en aquella época en la que no se había inventado la televisión, el cine era el único entretenimiento para soñar con otros mundos.

El padre muere. La niña, ya adolescente, es víctima de abusos sexuales por parte del casero de la vivienda que habitan.

A pesar de ser una historia dramática los actores te hacen disfrutar del teatro, las escenas se suceden mezclando imágenes de películas y efectos especiales multimédia. De ahí el nombre de la compañía: Teatrocinema.

 Los actores parecen que viven la fantasía y que no se asustan por las desgracias. La voz de la contadora de películas” María Margarita” es una voz firme, convincente, consoladora. La belleza y la emoción reinan en esta obra.


Maribel Fernández Cabañas


Cajas de cartón

Cajas de cartón

María llegó a Madrid donde solo conocía a Manuel, un antiguo amigo del pueblo que se había ido allí porque unos tíos suyos muy ricos le pagaban la carrera y hasta un piso de alquiler para que viviera él solo.

María, por el contrario, se pagaba ella sola la carrera trabajando de niñera y siempre que podía iba al piso de Manuel que tenía muy buenas manos para cortar melenas.

─ ¿Ves cómo me ha crecido el pelo?  Y a mis niños también. Venimos a que nos lo cortes

─ ¡Hola María cuanto me alegro de verte! Ya veo que te las apañas muy bien con estos pequeños y que te obedecen. Pero bueno hablemos de nuestros conocidos, decía Manuel.

─Pues que te voy a contar que estuve en el puente de la de Inmaculada en el pueblo y  lo pase pipa con nuestra pandilla. Daniel, el hijo del cartero, está como siempre con sus bromas de muchacho brutito y machote. Manolita  haciéndose el ajuar para casarse con un mozo del pueblo de al lado. Y los demás estudiando como nosotros, cada uno en un sitio distinto. Todos desperdigados.

─Que nostalgia tengo del pueblo yo casi no puedo ir, pues mis tíos me han encomendado que cuide de mi prima, esa muchacha con el pelo rizado a lo afro y de delgadez extrema a la que conociste hace un año.

─ ¡Ah sí! Ya se de quien me hablas: de tu prima Lourdes la que estuvo el verano pasado en las fiestas del pueblo y que acabó la noche  en una ambulancia que  la tuvo que llevar al hospital ¡Cómo se pasó de la raya tu prima!

─Si María, pero ahora es peor: se fue con su chico a Holanda y se ha metido en líos mayores de los que no puedo decir nada ya sabes que le debo favores a mis tíos.

─¡¡Chiss!!, que es hora de que llegue mi Prima y a veces tiene el sindrome, le dijo Manuel a su amiga María haciéndole una señal con el dedo índice de la mano derecha en los labios.

Su prima Lourdes llegó a los pocos minutos venía cargada con una caja.

¡Hola primo!, mira lo que traigo para decorar la casa dijo, sin parar de moverse por el salón y sin acabar de colocar la caja en un sitio fijo.

─¡¡Maldita caja!! es tan grande que no puedo con ella- Dijo la prima enfadada.

 Rompió el cartón de la caja desgarrándolo a tirones y contenía un montón de botellas de cristal.

─Son bonitas¿ verdad?. Las estoy haciendo en el taller de pintura de vidrio -Dijo la prima tocándolas con sus manos huesudas y tensas de puro nervio.

─¿ Y tus estudios Lourdes? -Preguntó María

─¡Los estudios al carajo! y además a ti que te importa

─Bueno Manuel  mejor nos vemos en el rastro los domingos y ya me cortaré el pelo en la peluquería. Veo que no es lo mismo que cuando vivías solo- Dijo María despidiéndose de su amigo.

─Si mejor así. María cuanto te quiero, tu sí que eres una amiga discreta. El sábado por la noche, según vea el panorama, te llamo para quedar el domingo. Dijo  Manuel dándole un abrazo.



Maribel Fernández Cabañas