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EL TRANVÍA

 

 

Recuerdo aquellos tiempos no tan lejanos en los que  cogía el tranvía, iba al parque de las rosas yo sola, veía los jardines y el palacio escuchaba lo que decía el guía y me empapaba de cultura, llegaba a casa llena y satisfecha, ni apetito tenía sólo quería dormir pensando en lo que había aprendido ese día y compartir con amigos mis fotografías, luego las borraba de mi móvil, me sentía satisfecha y no me importaba estar sola.

Ahora tengo el miedo metido en el cuerpo y voy con Guillermo mi compañero, él es fuerte y alegre─ me transmite su vitalidad─ vamos andando  paso a paso  sin salirnos del barrio .Hoy hemos visto el amanecer los dos juntos, muy acaramelados, hemos podido ir en bicicleta por la calle hasta el puerto donde había barquitos de vela navegando y muchos deportistas como nosotros porque el tranvía no pasa y  los palacios y museos están cerrados, se pueden ver por internet.

Pero no  hay prisas lo  importante ahora es el cariño, el amor y meterse en un libro que es el mejor amigo del hombre.

-MFC

 

EL ABUELO

 

 

Lucía en sus  paseos matutinos veía  a niños que iban de paseo con sus hermanitos pequeños y a un abuelo muy elegante.

 No los conocía de nada,  el abuelo le  recordaba al padre de una amiga suya que  era muy tranquilo  hablando y  muy conocido en su pueblo, lo conoció  de jovencita cuando él iba a recoger la cosecha de trigo.

Sin embargo  este hombre, lo que hacía era coger espigas secas de los árboles de la ciudad  recogía flores silvestres  como  espigas, flores, campanitas y  margaritas.

Hasta que llegó el día en el que los jardineros las cortaron y pasear por la ciudad ya no era tan bonito para Lucía.

-MFC.

ROMERIA

 

 

Cuando   yo era joven  iba a la romería del  pueblo de  Alicia y Katy  vivían  en un pueblo no muy lejano a la ciudad de provincia donde estudiábamos para ser maestras.

Compartíamos apartamento en la capital y nos lo pasábamos muy bien en nuestra época de estudiantes no faltábamos ningún domingo al cine en sala grande y las películas eran entrañables como la de” bailando  con lobos” y cuando acababa la película  la comentábamos por aquellas calles estrechas de la judería donde nos tomábamos unas tapas y una cervecita y compartíamos nuestra felicidad con nuestro grupo grande de amigos y amigas universitarios. Qué  bonitos eran aquellos tiempos, se nos hacían muy cortas las tardes de domingo porque había que acostarse temprano para el lunes a las ocho de la mañana estar en clase.

Queríamos ser maestras y lo conseguimos ahora estamos las tres jubiladas y aunque  ahora  vivamos  lejos de la romería no faltan nuestros encuentros nos vemos cada primer domingo de mayo y no faltan las risas y recordando aquellos felices recuerdos nos duele menos  la  lumbalgia o el reuma.

-MFC

 

MON AMOR


Hoy es el aniversario de nuestra boda y recuerdo como nos conocimos en aquella caravana en el sur.
 Eres mi Piturrina ─me decía─  nos enamoramos  de verdad, lo que parecía un amor de verano se convirtió en una convivencia continua con sortija y reloj de prometidos.
 Y hoy, al cabo de muchos años lo hemos celebrado por todo lo alto, con los amigos que nos presentaron, que son como de la familia.
-MFC

MISIFÚ




Pedro vivía en un pueblo de calles sinuosas donde los vecinos eran alegres y salían todos de sus casas que eran bajas y soleadas pero los niños no podían pasar por los callejones oscuros, largos y estrechos por la noche, solo podían ir al callejón de de la señora Soledad, que era la curandera del pueblo y acompañados de sus padres.
La señora Luz  vivía en una casa oscura llena de libros y de pociones de todos los colores para curar males, hacer hechizos con hierbas venenosas o pociones de amor.
Pedro que   era ya, mayorcito durante el día salía a jugar por todos los rincones del pueblo con sus hermanos y más niños, unos con bicicleta y sus grandes caídas, otros a canicas, futbol, baloncesto otros a las adivinanzas y se lo pasaban muy bien siempre y cuando llegaran a sus casas antes de que se hiciera de noche, porque por la noche salían personajes que no eran muy de fiar.
La casa de Pedro tenía dos puertas, la puerta de atrás, que daba a un callejón y la de delante que daba a la calle principal, por las noches estaban seguros porque  tenían un gato negro llamado Misifú que esperaba a Pedro y a  sus hermanos y en cuanto los oía venir silbando o cantando él se metía en casa y los recibía por la puerta de delante y se alegraba de verlos.
Pero ocurrió un día  en el que Pedro aprovechó cuando todos dormían y Misifú estaba  entretenido buscando ratoncillos entonces Pedro se encaminó al callejón de la señora  Luz la cual enseguida lo  reconoció y le abrió la puerta, era una casa siniestra sin ventanas.
─ Que te trae por aquí Pedrito
─ Que vengo a por una poción de amor
─ Te la daré con la condición de que te quedes a ser mi ayudante puesto que el que tenía se me ha ido.
El niño aceptó y esa noche la curandera, como quien caza mariposas, lo atrapó con una red para que viera lo que ella hacia y allí estuvo toda la noche sin comer y queriéndose escapar.
Sus padres,  Misifú  y  sus hermanos lo buscaban sin encontrarlo. Hasta que una vecina que a primera hora de la mañana una vecina había ido  con su pequeño para que le curara el mal de ojos y lo reconoció, y fue a contárselo a sus padres y le dieron las gracias y corriendo se encaminaron hacia alli.
Misifú el primero en entrar en la casa de la curandera y fue arañando la red para liberarlo y por fin Pedro quedó en libertad y eso sí con una buena reprimenda de sus padres que lo castigaron una semana si salir de casa y cuando acabó la semana el niño y los padres hicieron un pacto , Misifú se encargaría de los niños cerrarían las puertas a cal y canto a las diez de la noche y  desde ese día Pedro y sus hermanos llegaban puntuales y el gato al oírlos llegar avisaba a sus padres y les abrían la puerta principal y en la trasera pusieron  un cerrojo bien grande.
Pasó un tiempo y  la curandera pidió disculpas  trayéndole  a Pedro la esperada poción sin cobrarles nada y Pedro se la tomó para declararle su amor  a una muchachita de la que se había enamorado, y fueron felices muchos años.
Y,  cuento contado,  cuento acabado.
-MFC



La rosa


La rosa.
Había una vez un mercader muy rico que llevaba grandes barcos llenos de mercancías y dejaba a sus tres hijas solas, Juliana era la menor muy guapa y alegre  sin embargo a sus dos hermanas sólo les gustaba  llevar joyas y ropas caras para seducir a sus pretendientes a ver si encontraban un hombre rico para casarse.
 Las tres estaban deseosas de que llegara el padre Juliana le había pedido una rosa y las hermanas telas de seda y collares de oro.
Que sorpresa se llevaron al ver llegar el barco con el timonel  y sin su padre,
 El timonel les dijo que su padre ya no era rico porque lo habían atracado en alta mar y se habían llevado toda la mercancía pero que se había refugiado muerto de hambre en el palacio más cercano al pueblo porque le daba vergüenza que lo vieran en la pobreza total.
Las dos mayores dijeron que no iban a salir de casa pero Juliana, plano en mano, salió en busca de su padre porque estaba segura de que  le traería la rosa.
 Cuando llegó se encontró con un monstruo muy  feo el cual le dijo tu padre se quedará a aquí conmigo y yo te llevaré la rosa que he cortado de mi jardín a lo que Juliana respondió quédese usted con la rosa que yo me llevo a  mi padre, ya no puede ser dijo el monstruo hagamos un trato, tú te quedas aquí y tu padre en libertad, Juliana  aceptó con la condición de ir a ver a su padre.

Y así fueron pasando los días mientras las hermanas estaban tristes porque ya no podían casarse y el padre también porque vivían en la miseria y cada día Juliana les  llevaba comida y manjares del palacio cada cierto tiempo.
Y el monstruo con la dulzura de Juliana se fue volviendo cada vez más dulce tanto y tanto que se convirtió en un príncipe y fue a casa del padre con Juliana a pedirla en matrimonio.
Pasó un tiempo el padre y las hermanas ahora bien cuidados gracias a ellos estaban más cariñosos también e iban al Palacio a vivir y aunque no se casaron fueron felices para siempre.
-MFC






El pizpireto


Lucía va cada jueves a la playa. Vive en un edificio muy cercano a ella, y le encanta pasear por ella al amanecer, y correr un poco sobre su arena.
Un día de regreso de su paseo se encontró por el camino a unos vecinos, que eran nuevos en el barrio. Un hombre joven que llevaba de la mano a un niño muy lindo. El pequeño era rubito y tenía los ojos muy claros, uno verde y otro azul. Era un pizpireto charlatán y simpático. A Lucía le hizo mucha gracia su lengua de trapo y su desparpajo para explicar todo cuanto se le pasaba por la cabeza. El padre del pequeño le dijo a Lucía que eran nuevos en el barrio y que se dirigían al colegio del pequeño, que quedaba un tanto apartado de allí.
Coincidieron más jueves, Lucía regresando de su paseo, ellos yendo hacia el colegio. Un día, ella observó que el pizpireto estaba más callado que de costumbre. El padre le explicó, en un aparte, que el niño se había disgustado con unos compañeros del colegio porque se habían burlado de la diferente tonalidad de sus ojos.
Lucía regresó a su hogar un poco entristecida, y como era aficionada a escribir cuentos infantiles en sus ratos libres, decidió escribirle uno a su pizpireto.
Al jueves siguiente, cuando se encontraron, se lo explicó:

Érase una vez una niña llamada María que no tenía amigos. María tenía un ojo azul y otro verde, y vivía en una cabaña en medio del campo.
A un lado de aquel campo, vivían los del pueblo azul porque todos sus niños tenían los ojos de aquel color; al otro lado, vivían los del pueblo verde, y sus niños tenían los ojos de aquel color.
María iba todos los días al pueblo verde primero y luego al azul. Les llevaba golosinas y, también, frutas, que recogía de su jardín, consolaba a los niños que se habían hecho daño en sus travesuras, y también ayudaba a los animales, porque aquellos niños, azules o verdes, eran realmente muy traviesos, tremendos en sus juegos, y a menudo les ataban latas a las colas de los perros o les hacían nudos a las de los gatos.
Sin embargo, ningún niño quería nunca hacer amistad con ella porque sus ojos eran un poco de cada pueblo, pero de ninguno totalmente.
María vivía con una cotorrita de alas turquesa, que era muy charlatana y cariñosa, pero aun así la pequeña estaba muy triste y se sentía sola. Así que lloraba mucho, mucho. Un día lloró tanto que se volvió invisible. El lorito empezó a revolotear y a llamarla, pero ella seguía siendo invisible.
Pasaron varios días y sucedió que los niños del pueblo azul y los de pueblo verde empezaron a echarla en falta. Ya nadie consolaba a los que se lastimaban, ni les traían frutas y dulces, ya nadie deshacía los nudos de sus trastadas, hasta el sol parecía más tibio y apagado.
Un día los niños de pueblo azul y del pueblo verde se pusieron de acuerdo y fueron a buscar a María a la casita del campo, pero al llegar allí no vieron a nadie, solo la pequeña cotorra de plumas turquesa, que les explicó lo sucedido.
Los niños de ojos verdes y azules, todos, empezaron a llamar a María, pidiéndole que volviese con ellos, y tanto insistieron que la niña regresó.
Desde entonces todos ellos viven juntos porque han hecho de los dos pueblos, uno, y la casita de María está en el centro de ese pueblo, como un corazón brillante que lo ilumina todo. Ah, y los niños han dejado de hacer travesuras, bueno aún hacen alguna, pero nunca a los pobres animales.
Y, cuento contado, cuento acabado.

Cuando Lucía terminó de explicar su cuento, el pizpireto empezó a aplaudir y una gran sonrisa se le dibujó en aquel rostro sonrosado.
El pequeño lo disfrutó tanto que le pidió a Lucía que cada jueves, cuando se vieran, le explicara uno nuevo.
Lucía se lo prometió y, jamás, faltó a su palabra.

- MFC