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OJOS TRISTES

 

Hace muchos años fuimos a un concierto de Camarón de la isla y un amigo que me contemplaba y me apreciaba me dijo tienes unos bonitos ojos negros tristes.

No se que vería el en mi como no fuera porque  nunca he mostrado mi tristeza, si era a causa de cualquier problema de la vida me daba un paseo y se me pasaba, lo resolvía como podía y escribía en mi diario.

Hacía deporte en bicicleta para ir a trabajar y por la pequeña ciudad de provincia podía salir con mis amigos andando.

Han pasado los años los amigos me acompañan y tengo una familia nacida del amor.

 

 

UNIVERSIDAD LABORAL (continuación)

 

En el primer año lloré mucho cuando me suspendieron biología como venía de un nivel bajo en EGB, pero estudiando mucho conseguí ponerme al nivel exigido y además tenía buenas compañeras de habitación.

Recuerdo cuando suspendía biología el primer año que entre el miedo a perder la beca y la separación de la familia…el caso es que Genoveva la profesora me propuso repetirme el examen oral en la cafetería, con su cariño me salió bien y me aprobó.

En sexto de Bachillerato me iba con cuatro amigas de mi curso a Cáceres a tomar un pastel de plátano y un vaso de cola cao.

Cuando salíamos  los domingos nos encontrábamos con chicos que estaban allí haciendo la mili y había una chica asturiana mayor que nosotras que salía con uno de ellos a sus dieciséis años.

En Cáceres también nos comprábamos los vaqueros y la camisa a cuadros. Y con estas amigas y después de tantos años nos vemos o hablamos por teléfono.

UNIVERSIDAD LABORAL


Me acuerdo de cuando estaba en el internado, mis padres me llevaban en el taxi del pueblo hasta Mérida que era el punto de encuentro donde los autobuses esperaban a todas las niñas de Extremadura.

El internado era la Universidad Laboral de Cáceres y las condiciones que se requerían eran que el padre o la madre fuesen mutualistas (carteros, médicos, agricultores, minería…) y tener buenas notas.

Yo tenía buenas notas y un maestro llamó a mis padres para informarles de las becas para estudiar bachillerato y COU, acababa de cumplir catorce años y me fui a Badajoz a entregar los impresos para solicitar la beca.

El primer año de internado lloraba mucho porque echaba de menos a mis padres y a mis hermanos ,que de verlos cada día pasé a verlos cada tres meses; suerte al teléfono de Filomena Martin una buena amiga de mi tía que tenía teléfono y yo desde una cabina llamaba y hablaba  con mi familia.

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PERRUNILLAS

 

       Hace muchos años que yo estaba de luto e iba cada tarde a casa de Angela, antigua vecina que me enseñaba como limpiaba y luego congelaba los pimientos y calabacines. Me enseñaba los pajarillos que tenía en su patio y las plantas, ella me escuchaba y me daba cariño que era lo que yo necesitaba.

       De pequeña esta vecina y sus dos hermanos vivían en la calle Madrid con sus padres y yo vivía al lado en casa de mi abuela y por las noches nos sentábamos en la calle a tomar el fresco porque en Extremadura hacía mucho calor en verano.

        También teníamos buena relación con otra vecina viuda muy hacendosa, me gustaba verla haciendo la masa de albóndigas con carne picada, ajo y perejil.

       Ya de mayorcita nos cambiamos de domicilio. Ella a una calle corta donde había una peluquería donde mis hermanas y yo nos cortábamos el pelo y al salir entrabamos en casa de Angela y nos preparaba unos huevos fritos con pimentón de la vera.

       Los padres de Angela además de la casa del pueblo tenían una casa de labor al lado del rio Guadiana donde cultivan maíz y por las tardes nos íbamos andando por el camino de las acequias y nos convidaban a café con leche y perrunillas, que son unos dulces típicos de Extremadura. Nos dejaban ver las gallinas e incluso nos daban huevos.

       Llevo ya muchos años en el Norte, pero los recuerdos del sur no se borran, son los de mi infancia y adolescencia.

LA REGLA

 

       Me acuerdo cuando me empezaron a salir las tetas yo buscaba sujetadores en el doblado, sujetadores de mi madre y les ponía relleno.

       Con mis primas del pueblo nos enseñábamos las tetas y una de mis primas y yo teníamos el pezón invertido.

       Cuando engordé en el internado y me compré un sujetador, me miraba en el espejo de mi madre, que era el único que había en la casa y mi hermana me decía que era una tetona, que me quedaba mal la blusa. Menos mal que mi madre me levantaba la moral y me decía que saliera a pasear que iba muy guapa.

       Mi abuela no dejaba a mi madre hablar de sexo y yo aprendí más de las amigas, que me llevaron al mundo de las compresas y los tampones. A mi padre le gustaba leer y tenía medio escondidos dos libros de vida conyugal y sexual, la que se los leía era mi hermana.

        Recuerdo también cuando iba a casa de mi prima la de Montijo y entrabamos en la oficina de su padre, ella cogía libros de sexualidad y maternidad y los leíamos a escondidas.

       Yo tenía reglas dolorosas y lo que hacía era irme a andar a ver si se me pasaba el dolor y más tarde mi madre me acompañó a un ginecólogo conocido y me mandó un medicamento.

        Pasaron los años y una ginecóloga de Sevilla me habló del condón y de las pastillas anticonceptivas.

       Recuerdo en el pueblo que jugábamos a tocarnos jugando a médicos y enfermeras en un rincón del corral donde no nos vieran los adultos.

Y basta que hablar de sexo estuviera prohibido para que hubiera más interés. En la actualidad hay más información y menos sexo.

 

 

 

 

 

 

TALLER DE ESCRITURA CREATIVA

 

Alicia recuerda su primer taller de escritura en el barrio del Raval donde hay una estatua del recientemente fallecido Botero, sí en la rambla del Raval hay una escultura de un gato negro muy voluminoso.

El taller empezaba a las cinco de la tarde y antes de entrar ella y Julieta merendaban y charlaban de sus intimidades.

Su amiga Julieta, siempre estaba pensando en no engordar y con un café tenía bastante, sin embargo, Alicia se comía un trozo de pizza.

El taller estaba ubicado en un bajo con patio donde por las noches se convertía en un restaurante. En la entrada había muebles antiguos y un gato tomando el sol.

 En el piso de arriba vivía la dueña amante del arte de la cocina que luego se cenarían los clientes nocturnos.

En verano era agradable estar allí, pero en invierno no se podían quitar los abrigos.

La profesora leía en voz alta el texto y luego le preguntaban dudas sobre la teoría y lo que más le gustaba a todos era poder leer en voz alta el relato y escuchar los comentarios para luego reescribir. La profe nos dejaba libertad para escribir según la inspiración.

A Julieta la profe le decía que hiciera más largo el relato que ella iba para novela y que tenía un castellano muy puro.

 A Alicia los comentarios de Leticia eran los que sabían captar la esencia de lo escrito y también le gustaban los de Auri que le corregía la gramática.

Eran un grupo que llevaban ya tres años juntas y se llevaban muy bien.

 Llegó un día en el que la profe con mucha tristeza dijo que cerraba que ya no podía enseñarnos más y Leticia se fue a la Escuela de Escritura y Alicia a Fuentetaja Literaria.

Y todavía siguen en contacto, aunque se vean de higos a brevas.

                                                         - Maribel FC

MISIFÚ


 

Pedro vivía en un pueblo de calles sinuosas donde los vecinos eran alegres y salían todos de sus casas que eran bajas y soleadas pero los niños no podían pasar por los callejones oscuros, largos y estrechos por la noche, solo podían ir al callejón de de la señora Soledad, que era la curandera del pueblo y acompañados de sus padres.

La señora Luz vivía en una casa oscura llena de libros y de pociones de todos los colores para curar males, hacer hechizos con hierbas venenosas o pociones de amor.

Pedro que   era ya, mayorcito durante el día salía a jugar por todos los rincones del pueblo con sus hermanos y más niños, unos con bicicleta y sus grandes caídas, otros a canicas, futbol, baloncesto otros a las adivinanzas y se lo pasaban muy bien siempre y cuando llegaran a sus casas antes de que se hiciera de noche, porque por la noche salían personajes que no eran muy de fiar.

La casa de Pedro tenía dos puertas, la puerta de atrás, que daba a un callejón y la de delante que daba a la calle principal, por las noches estaban seguros porque tenían un gato negro llamado Misifú que esperaba a Pedro y a sus hermanos y en cuanto los oía venir silbando o cantando él se metía en casa y los recibía por la puerta de delante y se alegraba de verlos.

Pero ocurrió un día en el que Pedro aprovechó cuando todos dormían y Misifú estaba entretenido buscando ratoncillos y Pedro se encaminó al callejón de la señora Luz la que enseguida le abrió la puerta, era una casa siniestra sin ventanas.

─ Que te trae por aquí Pedrito

─ Que vengo a por una poción de amor

─ Te la daré con la condición de que te quedes a ser mi ayudante puesto que el que tenía se me ha ido.

El niño aceptó y esa noche la curandera, como quien caza mariposas, lo atrapó con una red para que viera lo que ella hacia y allí estuvo toda la noche sin comer y queriéndose escapar.

Sus padres, Misifú y sus hermanos lo buscaban sin encontrarlo. Hasta que una vecina que a primera hora de la mañana se presentó con su pequeño para que le curara el mal de ojos y lo reconoció, y fue a contárselo a sus padres y le dieron las gracias y corriendo se encaminaron hacia alli.

Misifú el primero en entrar en la casa de la curandera y fue arañando la red para liberarlo y por fin Pedro quedó en libertad y eso sí con una buena reprimenda de sus padres que lo castigaron una semana si salir de casa y cuando acabó la semana el niño y los padres hicieron un pacto , Misifú se encargaría de los niños cerrarían las puertas a cal y canto a las diez de la noche así que desde ese día Pedro y sus hermanos llegaban puntuales y el gato al oírlos llegar avisaba a sus padres y le abrían la puerta principal y en la trasera pusieron  un cerrojo bien grande.

Pasó un tiempo y la curandera le trajo a Pedro la esperada poción sin cobrarles nada y Pedro se la tomó para declararle su amor  a una muchachita de la que se había enamorado, y fueron felices muchos años.

Y, cuento contado, cuento acabado.