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En la biblioteca.


En la  biblioteca.

No hay nada mejor que salir de casa desayunada e irme al barrio de al lado, donde no tengo que saludar a nadie y llegar a la biblioteca llena de revistas y libros. Sentarme en  una de las mesas redondas de la amplia sala, con ventanales luminosos…y no tener que compartir este momento con nadie. Sí, estar en silencio y estar en soledad y ver caras nuevas y algunas conocidas que no veía desde hace semanas, porque creo que si viniera todos los días religiosamente, ya no sería lo mismo tampoco .Y hoy con la novedad, hasta el café me ha sabido mejor.
Suspiro de la paz que no encontraba en casa desde hace unos días, he dejado en casa a  los albañiles haciendo arreglos… que me tienen toda la casa patas arriba.¡Qué Paz hay aquí!.

Maribel Fernández Cabañas.

La Economía.


La Economía.

No nos tenemos que ir muy lejos para ver como estamos de economía, voy al super del centro comercial y me encuentro en los preciosos bancos blancos tapizados en piel, a los que han ido a dar un paseo y en vez de tomarse una tapa en cualquiera de los muchos bares , están leyendo un periódico gratuito y comiéndose un bocadillo casero.
Voy al dentista a la Bonanova y me siento en una terraza a tomar un café y a mi lado en otra mesa hay una señora joven bien vestida con gafas de Dolce Gabana acompañada de su hijo con una camiseta de Lacoste y el hijo saca de la mochila su bocata, envuelto en una bolsa reutilizable, inventada para estos menesteres, y se lo va a comer y dice:
_mamá otra vez de jamón York
- anda cómetelo y no protestes, le contesta su madre.
Hoy domingo me voy andando al barrio de al lado con mi mochila al hombro y voy haciendo fotos y veo en una terraza a una señora que saca una cuchara y un cuchillo de su bolso y se pone a comerse un kiwi y el camarero se le acerca y al rato le trae un café.
¿Qué más quieren los de arriba?, si con tanta austeridad hasta “el tapeo” se está acabando, que es nuestra sal de la vida.

Maribel Fernández Cabañas

Mi tío.


Mi tío.

A mis ocho años, vivía en la calle Comercio, situada en un barrio que tiempos atrás estaba lleno de artesanos pero en los años sesenta, cuando llegaron mis padres emigrados de Andalucía, se instalaron en un piso alquilado con dos habitaciones. Yo compartía habitación con el hermano menor de mi madre de dieciocho  años.
Mi tío era para mi como mi hermano mayor,Pero le gustaba la política, por este motivo casi no me dejaban salir con el, no fuera que se me pegara algo y  me apuntaron a un equipo de futbol. Pero como dormíamos en la misma habitación, mi tío, por las noches, me enseñaba los panfletos de las manifestaciones obreras a las que asistía con su grupo de la CNT, lo cual ocultaba a mis padres. Sólo me dejaban salir con el los domingos para que me llevara al cine. Comprábamos frutos secos a granel en la “Casa Torras”, eso en caso de que a mi padre le hubieran dado la semanada en la construcción. Cuando salía el NoDo en el que El General explicaba historias españolas a su manera, mi tio  decía que eran unos fachas, ves a ese que habla Luis, me decía,  ese es el que fusiló en el campo de la bota al padre de tu madre, que no era el mío porque somos  hijos de la misma madre, de la abuela Teodora, pero de distinto padre .
_Tío entonces la abuela se casó dos veces y Franco es malo. Si Luis, si veo que eres espabilado.
Pero un día mi tío no llegó a la hora de comer, ni tampoco a cenar. Mi padre lo buscó por todo el barrio y también por Vía Laietana donde se reunían clandestinamente, allí uno de sus compañeros le explicó que a el y a unos cuantos los habían llevado a la cárcel.
Mi padre se fue a la Modelo y de allí lo sacó entregando la semanada, a cambio de su libertad.
_¡Antonio ves lo que has hecho con tus tonterias nos has dejado sin dinero!, si estuvieran aquí los padres y no en el pueblo otro gallo cantaría.Le dijo mi madre gritando.
Yo lo oía todo desde mi cama con un ojo abierto y otro cerrado y pensaba pobre tío ahora que me iba a llevar al cine a ver sesión continua…  tres películas seguidas y con avellanas!
Mi tío acabó yéndose a vivir a Francia con unos compañeros del partido. Por mi cumpleaños siempre me mandaba un paquete con libros, fotos y postales. Ahora no se nada de él.

Maribel Fernández Cabañas.

Un domingo2


Un domingo2.

Ya me he dado una vuelta dominguera por mi barrio y he visto la triatlón, no sin antes darle los buenos días a mi familia y ponerles  el desayuno y ¡cómo no, he paseado a la perra!.
Otros domingos tengo ganas de irme de excursión con mi mochila al hombro, pero este he preferido disfrutar de lo que tengo cerca, que no es poco, una familia a la que querer y de la que recibir cariño y unos vecinos amables y serviciales.
Y por si fuera poco este blog dónde escribir en este caso escribir sobre lo que tengo más cerca.
Y no me lo puedo creer hoy he desayunado algo que tenía muy alejado en mi paladar, el dulce de membrillo con pan y queso de oveja curado y un buen café, delicioso todo.


Maribel Fernández Cabañas 

Amanecer 3.


Amanecer 3.

Estar recién levantada sin ganas de nada, sólo de volverme a meter en la cama y hacer un esfuerzo y salir a pasear y a oír las noticias de la radio.Irme encontrando mas reconfortada de mejor humor ,con mejor cuerpo,aunque las piernas me flaquean y debe de ser de no haber desayunado, pero después del paseo por la amplia acera en la que cabe perfectamente un coche y por donde un ciclista se despierta yendo y viniendo haciendo ejercicio, como yo y varios.Los pocos coches se paran en el semáforo, son los primeros que van a trabajar y el llegar a casa y tener ganas de ponerme a trabajar de ama de casa, ya despierta, ya con la sensación de que por lo pronto he comprobado que da gusto levantarse.

Maribel Fernández Cabañas.

Numismática.


Numismática.

Me acuerdo de hace ya muchos años, cuando yo coleccionaba sellos.En invierno, desde el internado, me escribía con las amigas de mi pueblo y en verano , desde el pueblo con las del internado que estaban en sus respectivos pueblos también y guardaba algunos sellos.
 Sí porque en mis veranos no salía de vacaciones, mi padre agricultor y mi madre ama de casa, alegre y trabajadora que mantenía la casa limpia, era una excelente cocinera- repostera y hacia también conservas de tomate, melocotón, dulce de membrillo… según la temporada de cada fruta.Y ¡como no!, mantenía la armonía familiar, de los seis hijos y del marido con su buen talante.
 A mi, entre ayudar a mi madre en la casa y a mi padre en la recogida del tomate y salir al “ paseo del Pico” con las amigas y amigos, me gustaba sacar un rato de tranquilidad para escribir cartas y para coleccionar los sellos y guardarlos en una caja y después cambiarlos con otra amiga, que éramos de las pocas interesadas en la numismática.

Hoy dando un paseo por mi ciudad actual, he podido comprobar que en la “ Plaza Real”, aún se reúnen los del rastrillo del coleccionismo, pero no es lo mismo, había muy poca juventud mirando y comprando. Creo que con las nuevas modas esta se está perdiendo igual que la de escribir cartas manuscritas.



Maribel Fernández Cabañas.

Vacaciones de verano.




Vacaciones de verano.

Lucía estaba acostumbrada a tomar sus propias decisiones cotidianas con un tiempo de antelación: salir  con alguna amiga o con su grupo de literatura, hacer su trabajo de escritora y darse sus paseos para inspirarse .Una vida tranquila y organizada.

Llegó el verano y fue a ver a sus tres hermanas y se encontró con citas improvisadas y carreras porque había que ir de aquí para allá. Eso era la felicidad para sus hermanas, estar en constante movimiento.

Ella no lo entendía y además acababa agotada y no quiso quejarse para que los días pasaran sin enfados y a veces decía:
-          Hoy no salgo me quedo en casa leyendo y me daré un bañito en la playa.
-          ¡Eres una aburrida soltaba Flora, la  que menos tolerancia a adaptarse al ritmo ajeno tenía!.

Lucía pudo disfrutar del movimiento externo y de su tranquilidad interna gracias a una dosis de momentos solitarios. Mientras los demás dormían la siesta, ella escuchaba música clásica y leía a sus escritoras favoritas, como Soledad Puértolas, Carmen Martín Gaite y Maruja Torres.

Cuando alguna de  las hermanas la llamaba con urgencia,se desplazaba de su minúsculo apartamento al lado del mar, para ir a cenar a tal o cual sitio de moda, adaptándose a las decisiones improvisadas de ellas.


Maribel Fernández Cabañas.