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Un Kit Kat.

Un Kit Kat.

Los niños ya se han ido a la escuela y el padre a trabajar y yo enfrascada con las tareas domésticas desde primera hora de la mañana y las lentejas puestas a fuego lento.
Pero  por ser viernes he decidido hacer un “ kit kat” y me he llevado mis enseres de escritura a un lugar soleado.
Primero había pensado en un banco de la calle, pero me he animado un poco más y me he dirigido a la playa.¡ Cómo he ganado en ambiente!:
Un chiringuito con palmeras y mesas entre sol y sombra y un par de jóvenes, seguro que en paro, por la conversación que tenían:− Me tengo que preparar unas pruebas físicas de natación… pero también ayudo a mi padre en su trabajo y me da una paga, le contaba uno a otro.
También rodeada de paseantes entrados en años, que van a bajar unos kilitos para ponerse luego el bañador y de algunos más valientes que ya están con la toalla, la sombrilla y el bikini.
Y por un rato me he olvidado de la casa, y también de las lentejas.

Maribel Fernández Cabañas.



Angela y su hijo.


Ángela y su hijo.

 Ángela es una vecina que tiene un hijo que de pequeño rompía los juguetes y ella  no le reñía y su padre se quejaba y sentaba al niño a ver la tele( les compraban películas de DVD de Disney y ponían al niño con los pies en el sofá  y el padre estaba muy orgulloso de haber conseguido que, al menos ese rato, el niño no rompiera nada y así el  se podía acomodar en su despacho a leer tranquilamente.
 Cuando el niño se cansaba de la película la madre se lo llevaba al parque, pero no lo dejaba jugar con los otros niños del barrio  y le traía niños del colegio de elite al que lo llevaba y estos niños lo llamaban por su apellido:− ¡Pérez no quemes papeles!, les decían sus compañeros cuando el niño fue creciendo − ¡Pérez no tires petardos!, que no es san Juan.
El padre nunca bajaba al parque era ejecutivo y pasaba los fines de semana en su casa con los libros y el ordenador.
Y la madre con una voz muy bajita le decía al niño,ya crecidito:− Pablito que te vas a quemar, Pablito ten cuidado pero Pablito seguía quemando cajas de zapatos y periódicos ante la vista de su madre.
Yo veía a los niños del parque y jugaban con las bicicletas o los patines también celebraban sus cumpleaños en los bancos del parque e invitaban a Pablito y este se ponía un disfraz de vaquero y jugaba a su aire disparando con las pistolas, sin ni siquiera a cercarse a comer tarta y las demás madres y padres invitaban a la madre  la cual preguntaba por actividades extraescolares que hacían,  pero ella no apuntó nunca a su hijo a que fuera a hacer natación en la piscina de al lado, a la que iban todos los del barrio. Ella se llevaba a su hijo a un Club de Natación privado.
Pasaron los años y un día me encontré a Pablo con su madre, alto, con bigote y  bello en las piernas:−¿ Hola Pablo como te va en el colegio?
− No si  me expulsaron por pi…
− Pablito dile que estas  en una buena academia preparándote para policía que es lo que a ti te gusta, contesto su madre, interrumpiendo al mozo.
Pero seguro que Pablito quería contarme que lo expulsaron por pirómano.

Maribel Fernández Cabañas



Lectura 1.


Lectura1.

Lucía  ya no necesita salir a desayunar a un bar porque lo hace en su terraza. No hace frío y se rodea de un buen libro, buena música y un oloroso café.

 Mientras lee “ El guardián entre el centeno" de J.D. Salinger, se introduce en el mundo de los colegios internos de Estados Unidos de principios del siglo XX y vive con el protagonista sus aventuras y desventuras, al verse expulsado del internado, contadas por Salinger con un lenguaje ligero y preciso.

Pero el pitido de la lavadora la interrumpe,avisándola de que tiene que tender la ropa para que no se arrugue.
Entonces la tiende en su terraza, y hay un componente nuevo en el aire que respira que es el olor floral del detergente que emana de la ropa limpia.

Maribel Fernández Cabañas.




El ambiente.

El ambiente.

Llamo a un conocido de hace años que trabajaba de decorador y le pregunto por unos cursos de inglés a los que iba su hija y me dice que eso era antes de la crisis. Que el ahora vive en la miseria y tiene que ir a comer a la residencia de ancianos donde está ingresada su madre, que allí por un poco de voluntariado  le dan la comida y la cena.
Voy por mi calle y veo a hombres africanos detrás de un carro del supermercado, recogiendo hierros y trastos de los contenedores que luego venden en chatarrerías.
Paseo a mi Nina y en las casitas de madera del parque infantil, duerme un negro joven ,que al levantarse hace gimnasia y me pregunto:¿ dónde comerá?
Y en el barrio del Raval, allí se amontonan los indigentes en la rambla con el pelo sucio y greñas .Sus tobillos y pies  están mugrientos como las chanclas que calzan.  Llevan bolsas de plástico con su enseres( comida y botellas de cerveza ), se amontonan en corrillos tomando el sol y hablando, sentados en un banco y los acompañan sus perros.
Lamento todo esto, hace años eran sólo los pedigüeños de las iglesias y los limpiaparabrisas de los semáforos o los tullidos rumanos con un cartel de cartón que decía “pido una limosna para mis hijos, soy invalido”.
 Lamento que los gobernantes no aumenten las ayudas sociales, es indigno.
Pero mi amigo no sufre dice que él no ha perdido la alegría de vivir y que con ver a su hija estudiando y a su madre contenta en la residencia, que está dispuesto a seguir , que aunque se haya quedado sin trabajo tiene algo que no se lo puede quitar nadie: son las ganas de vivir.


Maribel Fernández Cabañas.



Desde mi ventana.


Desde mi ventana.

Los López viven en la misma manzana que yo, nos separa  o nos une ,según se mire, un jardín. Nos vemos a lo lejos desde la ventana. Tienen una hija de la edad de mi hijo y nos bajámos el vermut  al jardín y celebrámos los  cumpleaños de los niños y San Juan. 

Yo siempre los he admirado por su capacidad de escucharte cuando se lo pides y que si me quedo en la calle por despiste, siempre está él para abrirme su puerta y darme mis llaves que   amablemente custodian.

El sr López es activo, alegre y parece siempre feliz,a pesar de que está en paro. Parándose por la calle a contarme  cualquier cosa del barrio en un tono simpático. En primavera y verano sale a la terraza a tender la ropa con el torso desnudo y yo lo admiro por esa vitalidad que derrocha. Otras veces en su casa está planchando o me lo encuentro en el supermercado haciendo la compra.La sra López trabaja todo el día, es médica y lleva varias clínicas.

A mi cumpleaños siempre los invito y brindamos con cava y nos reímos. Pero  los ojos les chispean cuando ven fotos de nuestros niños pequeñitos en el parque aprendiendo a andar, y más tarde a montar en bici o jugando a “un dos tres toca la pared”. Han pasado los años, salimos sin niños a tomar el vermut y hablamos de ellos,  que ya son jóvenes y ahora tienen pandillas distintas y apenas si coinciden, cuando de pequeños decíamos que algún día serían novios.


Maribel Fernández Cabañas.


En el Museo.


En el Museo.

En casa de Elisa habían hecho una pequeña reunión familiar en la cocina, por ser fin de semana. Los tres se habían puesto a cocinar una rica salsa de zanahorias para acompañar unos finos filetitos de pechuga de pollo a la plancha y un arroz blanco hervido, pasado por aceite y ajo.
La tranquilidad de no tener que madrugar, ni de trabajar.
A media tarde Elisa propuso ir de turistas y se adentraron en un museo donde a ella se le abrió un mundo grande, viendo las columnas romanas que sostenían el techo artesonado de madera de la sala circular, rodeada de arcos y columnas, entre los cuales se empotraba un inmenso órgano .Sólo le hubiera faltado que este estuviera sonando, para mayor disfrute.
 Esta sala se comunicaba con otras más pequeñas, con exposiciones de pinturas renacentistas, barrocas y modernas.
Pero en plena visita, su marido se dio cuenta de que no llevaba la billetera en el bolsillo  del pantalón y corriendo se fueron los tres a información, en la entrada, donde un funcionario los llevó a objetos perdidos del museo y para su desilusión allí  no estaba.
Salieron y en metro se fueron corriendo a la comisaría de guardia dejando constancia del robo.
Con este suceso se les oscureció la tarde y Luís, que es casero, decía:
−¿ A quién se le ocurrió la idea de ir de turistas con lo bien que se está en casa?.


Maribel Fernández Cabañas.
  

Espacios.


Espacios.

 Hoy no he tenido que llamar a mi hijo, porque ahora su padre que está en casa se encarga  de  despertarlo. Creo que ahora es cuando estoy empezando a vivir, pues desde que nació Luisito me agarré a él y no quería separarme. Ahora que su padre trabaja desde casa con el ordenador, estoy intentando que  sea  el quien que se pegue al muchacho y  Luís sólo  me pide que, para  no tener que pensar y dejar su cabeza vacía para el fútbol ,las motos, los amigos, sus fotos y tantas aficiones como tiene. Me pide que yo le diga lo  que le tiene que  decir al hijo y que el se lo dirá.
 A veces cuando nuestro hijo trae algún problema y  viene directo a contármelo a mí, porque todo hay que decirlo, este niño es alegre como su padre y también tiene muchas aficiones: aprende japonés, aprende colchoneta elástica e inglés. Si cuando me quiere contar sus problemas y estoy en casa escribiendo, me cojo mi libretita, la meto en el bolso y me voy de casa y los dejo a los dos conversando.
Y es que  claro yo sólo tengo una afición que es escribir y cuidar de ellos, que son  mi familia .Y en casa como está mi marido pierdo la mañana hablando y no puedo dedicar un ratito a escribir. Total que he optado, ahora que mi marido llama a mi hijo para ir a la escuela, por buscarme un sitio en el  que por tres  euros desayuno, escribo y leo. Encima ahora que el buen tiempo me acompaña, veo el cielo, tomo el sol, oigo las voces de los oficinistas, que hablan y hablan formando un corrillo en la puerta y fumándose todos los cigarros que luego en el trabajo no podrán.
Voces ajenas que no me piden, ni me dan nada, que me son indiferentes. Cosa que no me pasa con las de mi familia que son un toma y daca.

Maribel Fernández Cabañas.